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Les Alliers y el Convoy de los 927

Angouleme ha quedado para siempre ligada con uno de los más trágicos episodios de la historia de España. Desgraciadamente aún hay quien puede contar los hechos acaecidos en el cercano campo de refugiados de Les Alliers y su traslado en el tristemente famoso Convoy de los 927.

Eran los años de la posguerra, 1939. Familias completas tenían que buscar un nuevo hogar lejos de su tierra natal, España. La Guerra Civil española había dividido al país en dos bandos irreconciliables. Los odios, las amenazas y la más absoluta insolidaridad había arrojado a los republicanos a los brazos de tierras extrañas, lejanos lugares que ni tan siquiera sabían ni querían recibirlos como bien se merece quienes por motivos políticos han de dejar atrás todas sus pertenencias y sus más íntimos recuerdos.

Las autoridades francesas los acogieron en diferentes centros de refugiados por todo el país: Argèles-sur-Mèr, Barcarès, Septfonds eran los más cercanos, al sur de las tierras galas, pero más allá, en la región de Poitou también otros campos se levantaron para recibir a los republicanos huidos de España. Uno de ellos era Les Alliers, en las cercanías de Angouleme.

Denostados por unos y otros (el gobierno franquista no los consideraba españoles sino vulgares mercenarios, mientras que los franceses los usaban en primera línea del frente en su lucha contra los alemanes en la recién comenzada Segunda Guerra Mundial), las condiciones de estos refugiados en algunos campos podrían considerarse casi infrahumanas.

Continuamente controlados, apenas les alcanzaba para comer y vivían con la zozobra normal de los apátridas. No obstante, en Angouleme, en Les Allliers, aquellas condiciones, dentro de lo malo que pudiera ser teniendo en cuenta las circunstancias, eran un poco mejores. Allí se habían reunido familias completas que de un modo u otro iban consiguiendo trabajos en los campos y en casas particulares.

En esa situación, sin embargo, Angouleme se vio inmersa en plena invasión de Francia por la Alemania nazi.

Angulema quedó en la parte ocupada por los alemanes en junio de 1940, bajo un gobierno francés colaborador del alemán, el conocido como Gobierno de Vichy que encabezaba el mariscal Pètain.

Los españoles allí refugiados temieron por su destino. Los franceses no los querían y los alemanes podían considerarlos como mano de obra. Lo que parecía claro es que su futuro no seguiría estando en aquel campo de Les Alliers.

A muchos les comunicaron que los repatriarían a la España franquista, mientras que a otros les prometieron su traslado a la «Francia libre». Aquel 20 de agosto de 1940, 927 españoles fueron subidos a un tren. Eran muchos de los componentes de aquel Convoy de los 927, niños y ancianos, mujeres, familias completas.

Entre las crujientas y avencejadas maderas, las rendijas apenas les dejaba ver su destino. Allí dentro, durante cuatro días, viajaron sin saber si acabarían en España o en Rusia. En aquelos viejos vagones, sin apenas aire y privados de libertad, vivieron durante cuatro largos días.

Cuando las puertas de los vagones se abrieron, el 24 de agosto, sus ojos fueron los primeros en ver el fatídico y por entonces desconocido campo de concentración de Mauthausen. Fue uno de los primeros convoys que llevaron a prisioneros a un campo de concentración, y aquellos espñoles fueron utilizados para construir la cámaras que tanto horror producirían en los meses siguientes.

Al bajar del tren, mujeres y niños menores de 10 años fueron separados de los adultos. De aquellos 927 españoles, 470 fueron encerrados en Mauthausen, y el resto devueltos a la España franquista.

De aquellos 470 españoles que quedaron presos y llegaron en aquel tren desde Les Alliers, sólo el 13% consiguió sobrevivir…